Nos encontramos en la Edad
Media, en plena dominación
musulmana de la Península Ibérica.
Rolando, un paladín del emperador
Carlomagno, huía por el Pirineo
aragonés de las tropas sarracenas,
en el año 778. Se encontraba en la
retaguardia de las tropas francas con un
ejército mucho más pequeño
que el de los árabes.

Rolando se encontraba
muy cerca de la frontera, pero llegó
un momento que se quedó atrapado
frente a una pared. No queriendo morir en
tierras ajenas decidió sacar su
espada Durandal, tan afamada como la
Tizona de El Cid o Excalibur del rey
Arturo, y dio un golpe en la montaña.
Aún tuvo fuerzas para alcanzar
Francia y poder morir en su patria.
Desde entonces la Brecha
de Rolando, uno de los lugares más
fotografiados del Pirineo, está
envuelta en las brumas de la leyenda. Esta
muesca de la roca situada en la frontera
francoespañola se alza a 2.807
metros en el macizo del Monte Perdido, el
más alto de origen calcáreo
que existe en Europa.
La duquesa de Berry
Uno de los primeros
visitantes de la Brecha de Rolando de los
que se tienen noticias es la Duquesa de
Berry, María Carolina de Nápoles,
que había acudido a la localidad
pirenaica de Beréges para tratarse
con aguas termales. La historia de la
duquesa parece más verídica
que la aventura de Rolando. El 20 de
agosto de 1828 subió a la Brecha
con cinco baúles y 150 personas
para conjurar la fascinación
ejercida por la leyenda.
Visto desde el Circo de
Gavarnie en Francia, este prodigio geológico
descansa sobre varias terrazas con el
Casco a la izquierda y el caprichoso
Bazillac, una montaña que parece
cortada por un cuchillo, a la derecha.
Este pico de 2.972 metros se asocia de
manera íntima a la Brecha, y fue
escalado por primera vez por Jean Bazillac
y el guía Célestin Passet el
6 de agosto de 1867.
Si desde la parte
francesa la Brecha ha sido protagonista de
mil historias, en Aragón se ha
conocido como el paso más directo
de los contrabandistas, fugitivos,
refugiados, un lugar idóneo para
los cazadores de sarrios y el territorio
de pastores que siguen llevando sus rebaños
a las praderas de Millaris.
La Brecha atrae por su
misterio y su singular belleza a multitud
de senderistas de todo el mundo. Es difícil
describir la sensación de un montañero
cuando alcanza ese portillón del
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
de 100 metros de altura y tan sólo
40 de ancho.
Situado en medio de la
frontera, el senderista sueña
despierto. Si mira a Francia se encuentra
un mar de nubes, con el Vignemale a su
izquierda y un paisaje lleno de bosques y
de praderas. Sin embargo, el paisaje hacia
Aragón es lo más similar al
desierto del Sáhara, con un
infinito caos de piedras rojas, marrones,
blancas y grises que se precipitan en el
cañón de Ordesa.
Fuente
Elperiodicodearagon.com
. RICARDO MARTI

Refugio
de Sarradets